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En el Barranco de Pinar de Santa María de Guía .
Es nuestro deseo darles la bienvenida a un proyecto, hoy hecho realidad, que comenzó dos años atrás con la compra de una casa construida hace más de cien años, cuyas piedras secas, que conforman sus muros, nos mostraron, como un libro abierto, una forma de vida donde el esfuerzo físico, la constancia y la total sintonía con el medio natural eran condiciones necesarias para mantener una familia en un entorno rural.
Cuando llegamos a la casa por primera vez, afectada por treinta años de abandono, nos comentó la gente del lugar que su propietaria era una viuda que dio a luz a quince hijos; parece ser que al fallecer su marido, aquella mujer adquirió esta casa con el fin de sacar adelante a su familia, con la ayuda de los recursos que ofrecía el lugar, tierras para la agricultura, cuevas y alpendres para criar animales, para hacer queso, para secar el grano, chiqueros para alimentar a los cochinos, que una vez sacrificados se cargaban en los burros y, a través de los senderos, legaban a los mercados de Guía, para vender la jugosa carne a cambio de monedas necesarias con que comprar los enseres más esenciales para proteger el cuerpo de las bajas temperaturas invernales de la zona.
Una vida dura, donde los más pequeños se levantaban dos horas antes para ir a la escuela, caminando entre piedras, desde donde volvían, a través del barranco, para hacer sus deberes en el patio que rodea la casa, aprovechando las últimas horas de luz antes de que el hogar se alumbrara con el fuego de las velas e invitara a la familia a cenar y preparase para el descanso en una gran habitación, hoy salón de la casa, donde se dormía hermano junto a hermano, hermana junto a hermana, y donde se soñaba con el amanecer y el corretear tirando piedras y el saltar entra los matos, diversión infantil hoy en desuso y sustituida por una play-station o juegos de ordenador.
Una casa que invita a conocer un pasado no muy lejano, pues las medianías de Gran Canaria se desarrollaron hace escasamente quince años, cuando las carreteras empezaron a llegar a lugares antes transitados sólo por caminantes. Cuentan que hasta hace poco en Montaña Alta no había luz eléctrica, y que era el molino de trigo que se encuentra en la calle principal, con su máquina de hierro, reliquia inglesa, quien se encargaba de ofrecer esa luz tan deseada, cuando a las siete de la tarde ponían en funcionamiento el motor, … Entonces el propietario daba unos toques puntuales y el pueblo acogía la deseada luz en su hogar, … tan conocidos eran, que incluso se comentaba si los toques se daban por el molinero o la mujer del mismo … El teléfono por supuesto no llegó hasta quince o veinte años atrás, se beneficiaban de una centralita común para la zona, … Los médicos dejaban sus coches a media hora o incluso a una hora de del paciente y recorrían senderos hacia el hogar del enfermo y en muchas ocasiones en horas de la madrugada, envueltos en la oscuridad de la niebla o alumbrados por la luz natural de esa madre luna, compañera de la familia rural. Los novios recorrían horas de senderos para mirar a los ojos a sus enamoradas e intercambiar palabras de amor, pensadas en el camino de ida y recordadas en el camino de vuelta,… era otra vida, eran otras historias……. que recordamos hoy a través de esta casa rehabilitada y envuelta por un entorno protegido, por su valor natural, rodeado de escobones, árbol autóctono que da nombre al lugar, de granadillos, helechos, veroles,…
Bienvenidos, a esta su casa rural.
Cristina Vasallo Morillas y Rafael Trujillo Calvo